Tectumcultura: Nueva alma en la exploración urbana de la “Etemenanki moderna”

Etemenanki moderna
Etemenanki moderna

Una de las almas más vivientes de la exploración urbana es la llamada Tectumcultura, Roof culture o simplemente Téctum:

El Arte de conquistar azoteas.

Un movimiento  repartido por casi todo el Mundo, sin requisitos externos y donde lo mínimo necesario para empezar a compartir es una cámara reflex.

En el Téctum la vida es riesgo y las únicas necesidades son la tranquilidad y las extremidades corporales.
No existen las segundas oportunidades; sólo la opción de huesos rotos y muerte o la victoria aplastante.

 

Urbex en el Invierno Marxista

Es cierto que la invasión de azoteas son tan antiguas como las azoteas mismas, sin embargo el desarrollo de las ciudades, los edificios y los rascacielos vino acompañado de un temor crónico hacia las normas establecidas sobre la propiedad privada.
Pero durante la lenta y dolorosa decadencia y posterior caída de la URSS surgieron movimientos de exploración y redescubrimiento de lugares abandonados y destrozados por el olvido de la última década bolchevique.
Estos movimientos, llamados Urbex (Urban Exploring) surgieron como ocio de locales o turistas, volviéndose una moda con el paso de los años y llegando a ser conocido como Diggering por sus más pósers practicantes amateur, tanto de occidente como de oriente.
Fue muy largo el camino trazado por los euroasiáticos durante su época de plenitud, pero tras décadas de adoctrinamiento comunista, su principal atractivo y característica era la falta de objetivo.
Se exploraba sólo con la mentalidad de buscar, sin la intención de hallar algo.
Entonces, antes de que tuviera un nombre, muchos rusos, ucranianos, australianos y gringos, comenzaron a buscar el lugar mas alto de edificios “conmemorativos” tomando fotos y vídeos con el punto de viralizarse haciendo actividades peligrosas, pero con escasa técnica y sin parkur (parkour).

Roof Culture

Sería durante esa primera mitad de los 90, que un grupo de pioneros occidentales con el físico hecho un guiñapo pero con un crónico espíritu individualista, emprendió el nuevo rumbo hacia la exploración de la decadencia no sólo arquitectónica sino cultural que ofrecían los vestigios físicos de la época oscura y sin vitalidad que representó la aplicación del leninismo.

Frente a ellos, la llama en el corazón de occidente parecía avivarse ante la nueva aventura de explorar en el declive; donde a pesar de su educación Racionalista, se sometían al precioso instinto más negado por la civilización: El descubrir.

Pero años de épicas romanas y caricaturas americanas no se permitían una actividad sin objetivo. No les bastaba con redescubrir un país que no conocían: debían conquistarlo.

 Así fue como poco a poco fueron desarrollando un arte que tiempo después habrían de obsequiar a sus culturas con etiquetas que vendrían hasta después de años de ejecución.

Para el mundo latino, Tectumcultura o simplemente Téctum;  mientras el nombre de Roof Culture fue dado en los países de habla inglesa.

En Gran Bretaña comenzaron a surgir grupos de traceurs (usuarios de parkour) que aburridos de nunca lograr nada, comenzaron a elevar sus técnicas (literalmente) y a crearse una identidad; con el objetivo de conquistar los edificios mas grandes de Londres y hacer parkour por los techos de Horsham, Chichester y Brighton, como hombres que con naturaleza salvaje fusionaban la satisfacción con el peligro.

Así,  los ingleses “underground” cansados de escuchar a Joy division y llorar a Ian Curtis en los Pubs locales, comenzaron a salir a buscar el punto mas alto de su ciudad y proceder a conquistarlo, a sabiendas de la ilegalidad del asunto y haciendo movimientos que su naturaleza instintiva les había obsequiado.

Con el tiempo, se mundializó a través de medios masivos como VICE, Red Bull y MTV, que trataron de encasillarlo en sus bloques políticamente correctos, donde esto significa un simple modelo de hombre moderno, consecuente al buen avance que va teniendo la sociedad, como si se tratara de un deportista cualquiera, desinhibido en pensamiento y carente de tradiciones, siendo así el modelo de un atrofiado: con capacidades físicas extraordinarias pero sin un espíritu que le motive a conquistar por arte y gloria las cimas de las urbes.
En vez de eso se volvió un simple anuncio de las hazañas televisadas que ofrecía el canal.

La realidad de este movimiento siempre fue y sera otra.

Téctumcultura

Sería con el paso de los años que con la técnica aclarada gracias a la práctica, el Téctum se volvería un arte.

La Tectumcultura y los tectumcultores, ambos abreviados como Téctum, son difíciles de encontrar.
Debido a la naturaleza ilegal y transgresora de este arte urbano, sus hazañas se quedan documentadas entre los círculos que las practican; sin embargo, es posible rastrear algunos casos.

En ejemplo es el Proyecto Skyscraper de 2014 que conceptualizaba sus misiones como luchas espirituales, y que conquisto clandestinamente la torre más alta de México (Latinos transgrediendo el mundo judío).

Como un hombre que se mete en dificultades para tener miedo, siendo este su valor mas importante, pues sin él nunca las resolvería.
Citando a Louis-Ferdinand Celine en su aforismo sobre el miedo.

Por su naturaleza, el Téctum nunca fue y nunca será una forma para los hombres de vanagloriarse o de vivir fantasías de pandilla anarquista y faltosa a la moral.

Esta es y sera siempre una expresión de los espíritus más elevados y esencia milenaria consecuentemente a lo que le entrega el mundo moderno.

Gracias a que nuestra sociedad no provee de adrenalina a nuestras vidas, ni le ofrece más oportunidad de liberar endorfinas que en un gimnasio lujoso y mediocre; el hombre superior se postra en el punto mas alto de su ciudad como lo hacían los viejos montañistas.

La experiencia transforma a estos edificios colosales en una majestuosa imagen de la vieja Babilonia, otorgando la opción a una actitud osada y altiva ante estas megaestructuras innecesarias y cosmopolitas.
Es postrarse en las cimas de estas torres de Babel modernas, clavando la mirada hacia abajo, con la vida pendiente de un instante combinado de atención, equilibrio y técnica que bosquejan en el rostro de su practicante (forzosamente un veterano Tectumcultor) la arrogante sonrisa de quien, en medio de un peligro extremo, se mira superior a otros.

Tan sólo hay que ver como esta actitud y visión se ven enmarcadas en la pintura de Caspar D, Fridrich, llamada El trotamundos sobre el mar de neblina de hace casi 200 años.

 

 

Un hombre en busca de conquista y descubrimiento a costa de perder el alma.

Nos sorprende ver estos “novedosos” actos de locura porque nos parecen una actividad suicida, y después de todo, como dicen los neófitos por aquí: “Es nuevo para el mundo moderno ver a alguien agarrándose los huevos”.

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Sobre el autor

Baruc Salom
Baruc Salom
Traceur mexicano de medio tiempo y amargado por las circunstancias de tiempo completo.
Su afición mas grande es la filosofía de la Historia y después la banda Ulver con sus pistas deprimentes.
Vive traumado con el titulo de un libro de Julius Evola llamado: Revuelta contra el mundo moderno.