El otro Edgar Allan Poe: poeta de acertijos cósmicos

Edgar Allan Poe: Cosmólogo maldito

Más allá de su lúgubre poesía, el famoso literato Edgar Allan Poe fue un visionario de la astronomía, lo cuál se refleja en su poco conocida obra Eureka y aunque ha sido subvalorado debido a sus imprecisiones cuánticas o toponómicas y su retórica suspensiva; su obra completa es algo que debe ser revisado como lo que es: la visión de uno de los más grandes psiconautas del siglo XIX.

Edgar Allan Poe: Aquel gótico poeta maldito de los Estados Unidos

Evocar su nombre y su literatura nos transporta a un mundo brumoso, oscuro, mágico y sombrío; donde narraciones como Lo asesinatos en la calle Morgue o El escarabajo de oro son obras maestras de suspenso en crescendo como sinfonías y lo colocan dentro de los clásicos; junto con El Cuervo: por mucho su obra más reconocida.
Edgar Allan es un genio de la deducción, pero no a la altura de Charles Dickens o Julio Verne, sino más elevado. Él es otra clase de genio: de esos que se tragan de un bocado la gloria de su generación.

Desde una situación con su primera novia, donde los padres de esta le interceptaban las cartas y le decían a ella que él ya no la amaba, como ver morir agónicamente a su esposa muchos años menor que él.
Su adicción al alcohol dio pie a anécdotas como la que cuando iba a conocer al presidente de los Estados Unidos estaba borracho e insistía en usar su capa al revés.
Su afición a las  drogas, sus cuentos sombríos y poemas malditos lo llevaron a lapsos de demencia o excesiva lucidez, y es que era un genio: un genio inconstante y sin disciplina que llego a tener lapsos exitosos y prolíficos como cuando tenía 27 años y escribió sus más celebres publicaciones literarias.

Edgar Allan en estos años donde gozaba buena salud se cuenta, fue vencido por El Turco: una famosa estructura que se creía que era un autómata que jugaba al ajedrez. Fue construido y revelado por Wolfgang Von Kempelen (1734-1803) y Edgar Allan fue el único en afirmar que no era posible que El Turco fuera la primera máquina con inteligencia artificial, y que en su interior había escondido un maestro del ajedrez. Su afirmación resultó ser cierta y revelada por el ultimo dueño de la maquina antes de destruirla.

Edgar Allan el psiconauta

Se adentró de lleno en los misterios de la existencia y de la creación: no era un poeta ordinario, era un poeta que resolvió los más grandes acertijos cósmicos y, como suele pasar con esta clase de genios, solo la tecnología siglos después es la única  capaz de comprobar que tenían razón y es que sus contemporáneos le miraban con recelo, le echaban en cara que su vida personal era un completo desastre, sus amoríos con una prima mucho menor, la prematura muerte de ella y su afición a el alcohol y drogas eran algunos de sus puntos débiles según ellos.

Pero tal vez cuando Edgar Allan se encontraba en esos trances del maravilloso mundo de las drogas, era como diría Octavio paz acerca de los poetas y su trance al escribir “el poeta se afina con el cosmos”, y bajo esos estados de conciencia Edgar Allan era capaz de ver funcionar el engranaje cuántico de la materia y no necesitaba de las sondas espaciales ni potentes telescopios para llegar a dichas conclusiones. Él solo necesitaba la mente, la droga y la intuición, nada alejado de los shamanes huicholes con el uso del peyote y sus conocimientos ancestrales de la creación y orden cósmico.

Edgar Allan y los huicholes, sabían un par de cosas más que todos nosotros, pero a diferencia del hermetismo huichol, Edgar Allan escribió un libro acerca de ello y lo llamo Eureka, un libro en verdad maravilloso. En él se ve como Edgar Allan va desmoronando la materia poco a poco, capa por capa, desenvolviendo las 4 grandes fuerzas del universo (1.- Gravedad, 2.- Electromagnetismo, 3.- Fuerza nuclear débil y 4.- Fuerza nuclear fuerte) sólo con la mente.

Sólo Baruch de Espinosa lo había hecho antes en su libro Ética o Allan Kardec en El Libro de Los espíritus, pero Espinoza se sumergió en un laberinto de orden geométrico que resulta muy confuso y repetitivo. Espinoza si bien se anticipa a Edgar Allan en muchos hechos de la física teórica, no tiene su claridad y maestría literaria. Y es que para leer a Espinoza uno debe tener mucha paciencia y amor a la ciencia .

Kardec utiliza un lenguaje más sofisticado, y aunque la ciencia pondrá en tela de juicio la fuente de su información (Los médiums y espiritus), lo cierto es que 3 siglos después Stephen Hawking en su libro El Gran Diseño reafirma los conocimientos científicos que proporcionan los espíritus a través de los médiums, pero  en cambio para leer a Edgar Allan solo se necesitan un par de ojos, pues Edgar Allan nos da las soluciones ya digeridas y listas para entender.

Todos los escritores en literatura vanaglorian a Edgar Allan, todos poetas franceses Verlayne, Baudelier, etc. Todos los literatos aman a Edgar Allan, pero todos pasan por alto algo. Hasta el perspicaz Julio Cortázar, en su magistral prólogo en Eureka, no perciben lo que los físicos y científicos del siglo XXI y su tecnología han encontrado y han vuelto a poner en la boca de todos a Edgar Allan.
Y es que científicos como Fernando Ballesteros del Observatorio de Valencia, Michio Kaku, una de las mentes más brillantes de la actualidad y una eminencia en física teórica, al igual que Bryan Green, un experto en física teoríca, le dan el reconocimiento que Edgar Allan buscaba en su tiempo y le fue negado. Y es que sufrió lo mismo que Einstein: sus contemporáneos simplemente no le comprendían y no estaba a la altura de su razonamiento.
Es decir, que como no lo entendían, lo negaban y ridiculizaban, su aura de poeta maldito aficionado al opio no le ayudaba.

Y como narra Cortázar en su prólogo de Eureka, la anécdota donde Poe se presenta con el editor Putnam y le exige publique 50,000 ejemplares y el editor siente por él pena, pero Poe le dice que  su libro es el más grande de la ciencia hasta la fecha y no solo no le cree, sino que sólo lanza un tiraje de 500 ejemplares. Edgar Allan no podía mas con su mísera existencia, todos sus biógrafos hacen énfasis que se “fundió” escribiendo Eureka y fue como su última tabla de salvación para todas sus desgracias personales.

La profecía del helio

Otra idea de Edgar Allan que con el paso del tiempo resulto muy acertada fue describir en un cuento como se produce el helio de la siguiente forma:

Un relato  que tiene por vehículo un viaje en globo, lleno de sorprendentes dosis de ciencia, es La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall («The Unparalleled Adventure of One Hans Pfaall») de 1835, escrito inicialmente con pretensiones de hoax (mistificación).
En él se cuenta cómo Hans Pfaall, para huir de las deudas que lo agobian, escapa en un globo aerostático hasta llegar a la Luna. Hoy en día la hazaña nos puede parecer risible, pero en 1835 no se conocía bien hasta dónde se extendía la atmósfera de la Tierra, pudiendo quizás llegar hasta la Luna, con lo que ambos mundos compartirían una misma atmósfera. Si ésta hubiera sido la situación real, no habría habido inconveniente para que un globo llegara hasta la altura de la Luna, aunque la elevada velocidad con que ésta órbita alrededor de la Tierra habría implicado un alunizaje sumamente problemático. Esta idea fue inspiración directa de la novela The Ragged Astronauts (Shaw, 1988), en la que los cercanos mundos gemelos de Land y Overland comparten atmósfera y los viajes entre ambos mundos se realizan en globo.

Edgar Allan Poe: Cosmólogo maldito

En la historia de Hans Pfaall podemos encontrar otro ejemplo de anticipación. El globo de Pfaall está relleno de un gas desconocido extremadamente liviano y cuya elaboración nos es narrada en el relato (Beaver, 1976):

Me las arreglé luego para llevar de noche, a un lugar distante al este de Rotterdam, cinco cascos forrados de hierro, con capacidad para unos cincuenta galones cada uno, y otro aún más grande, seis tubos de estaño de tres pulgadas de diámetro y diez pies de largo, de forma especial; una cantidad de cierta sustancia metálica, o semimetálica, que no nombraré, y una docena de damajuanas de un ácido sumamente común. El gas producido por estas sustancias no ha sido logrado por nadie más que yo, o, por lo menos, no ha sido nunca aplicado a propósitos similares. Sólo puedo decir aquí que es uno de los constituyentes del ázoe, tanto tiempo considerado como irreductible, y que tiene una densidad 37,4 veces menor que la del hidrógeno.

Sesenta años después, el químico escocés William Ramsey descubría el helio, un elemento químico desconocido en la Tierra, cuya presencia se había inferido tres décadas antes en el espectro solar y que presenta marcadas similitudes con el gas de Pfaall. Para empezar, es un gas extraordinariamente ligero (sólo el hidrógeno es más liviano), y el método de preparación de Ramsey recuerda enormemente al usado por Pfaall. Consiste en el vertido de ácido sulfúrico (un ácido muy común) sobre el mineral cleveíta (una particular sustancia metálica).

¡Eureka!
La Paradoja de Olbers

Y por si eso fuera poco Edgar Allan resolvió la paradoja de Olbers antes que nadie, la cual consistía en preguntar, ¿por qué el cielo es oscuro? Y la respuesta es la siguiente:

Poe había encontrado la solución que permitía la existencia de un universo infinito lleno de estrellas.
Al parecer, la solución le llegó como una súbita inspiración, como le ocurriera a Arquímedes, por lo que plasmó sus pensamientos en un ensayo, publicado en 1848, llamado Eureka, un trabajo sumamente extenso (la mayor de sus obras de no ficción) denso y ambicioso, cargado de metafísica, errores… y de sorprendentes aciertos científicos. En él, Poe proponía su solución a la Paradoja de Olbers:

Si la sucesión de estrellas fuera infinita, el fondo del cielo nos presentaría una luminosidad uniforme, como la desplegada por la Galaxia, pues no podría haber en todo ese fondo ningún punto en el cual no existiera una estrella. En tal estado de cosas, la única manera de comprender los vacíos que nuestros telescopios encuentran en innumerables direcciones sería suponiendo tan inmensa la distancia entre el fondo invisible y nosotros, que ningún rayo de éste hubiera podido alcanzarnos todavía. En pocas palabras, la luz de las estrellas más lejanas aún no habría llegado, lo que implicaría que la velocidad de la luz debía ser finita y que el universo debió de tener un origen, un instante inicial.

Como era de esperar, la acogida por parte de los científicos del ensayo Eureka, en el que Poe había puesto tantas expectativas como su gran contribución a la ciencia, fue realmente fría.

“I must die. I have no desire to live since I have done Eureka! I could accomplish nothing more.” 

Otros aciertos de Eureka son los siguientes:

  • La velocidad de la luz es finita.
  • La luz de las estrellas más lejanas aún no nos ha llegado.
  • Agujeros negros.
  • Otras galaxias.
  • Inexistencia del Éter.
  • Divisibilidad del átomo.

El cosmólogo maldito

Y sin duda su mayor acierto a la ciencia fue predecir el Big Bang antes que nadie y el fondo de radiación de microondas y Fernando Ballesteros del Observatorio de Valencia nos lo describe mejor que nadie:

Curiosamente, el modelo del origen del universo presentado por el propio Poe en Eureka, la irradiación de toda la materia del universo a partir de una partícula primordial, se asemeja muchísimo al primitivo modelo de Big Bang propuesto en 1931 por Georges Lemaître (hoy ya descartado), en el que la explosión de un átomo primordial daría origen a toda la materia y a la expansión del universo. Tanto se parecen que no se puede descartar que Lemaître tomara su inspiración inicial de Eureka.

El reconocimiento de Eureka llegaría póstumamente. Entre otros, hay que destacar lo que de este imaginativo trabajo afirmaría en 1940 el famoso astrónomo británico sir Arthur Eddington:

Eureka no es una obra de senectud o el producto de una mente alienada. A mi parecer es la obra de un hombre que trata de conciliar la ciencia de su tiempo con los anhelos más filosóficos y espirituales del intelecto. Poe, además de sólidos conocimientos en ciencias y matemáticas, parecía poseer el razonamiento de un matemático. Aún más, el mismísimo Albert Einstein tras leer Eureka, escribiría en una carta de 1934 que este trabajo era «un bello logro de una mente inusualmente independiente». Casi un siglo después, Poe conseguía hacerse oír por el mundo de la ciencia.

Edgar Allan fue un hombre que  vivía en combustión, su vida tuvo todo menos calma: era intenso, muy culto, curioso, intransigente, vanidoso, soberbio, drogadicto, imán de tragedias, un suicida, un maestro de la literatura, un físico y científico teórico, un chamán para las grandes mentes por venir, un visionario de poca monta, un poeta maldito que le gustaba la vida pero más le gustaba la muerte por que en vida era lo único que no tenía.

Él llegó antes que Lautremount y su genial afirmación de la creación “El gran objeto exterior” ese objeto exterior que él con solo cerrar los ojos podía ver funcionar en su mente y lo escribió en Eureka, no descarto por nada que en unos siglos ese libro, Eureka, nos de más sorpresas, pues sacudió en gran manera cuando la sonda  COBE ( el proyecto COBE se puede considerar como el punto de partida para la cosmología como una ciencia de precisión).

Confirmó la respuesta de Edgar Allan a la paradoja de Olbres, es decir que el universo tuvo que tener un comienzo y que esa luz estaba viajando aun por ahí en algún lugar del espacio y ¡Eureka!, era el fondo de radiación de microondas y gracias a eso se pudo determinar la edad del universo de 13,700 millones de años, nada mal para un poeta  al que sólo se le reconoce por escribir El Cuervo y ser un gótico, maldito, alcohólico y drogadicto que murió en el olvido el 7 de octubre de 1849, en Baltimore, cuando contaba apenas cuarenta años de edad.
La causa exacta de su muerte nunca fue aclarada.

Corrección de estilo: Valeria González González

Edgar Allan Poe: Cosmólogo maldito


REFERENCIAS:

BEAVER, H. (ed.), 1976. The Science Fiction of Edgar Allan Poe. Penguin Books. Harmondsworth.
MABBOTT, T. O., 2000. Edgar Allan Poe, Tales & Sketches. University of Illinois Press. Chicago.
POE, E. A., 2009. The Complete Works of Edgar Allan Poe. Cosimo. Nueva York.
QUINN, A. H. y S. ROSENHEIM, 1998 [1941]. Edgar Allan Poe: A Critical Biography. Johns Hopkins UP. Baltimore.
SHAW, R., 1988. The Ragged Astronauts. Baen. Nueva York.
VINCELETTE, E., 2008. «Beauty, Truth and the World: the Prophecy and Theology of Poe’s “Eureka”». E. A. Poe Review, IX(2): 36-54.
BALLESTEROS, F. y LLACÉR, E.,2014. Mètode 82
WALSH, L., 2006. Sins Against Science: the Scientifi c Media Hoaxes of Poe, Twain, and Others. State University of New York. Albany.
¿Algo qué decir?

Sobre el autor

Héctor Almeida Landa